¡Saludos queridos lectores!
Una vez más, mi buen amigo Daniel Rayas (IG: Daniel Rayas) realizó otra entrada para este blog (¡Gracias por mantenerlo activo!), ahora con un toque melancólico que recomiendo lean con calma.
Bienvenidos:
¿Por qué ciertos himnos suenan a hogar?
Pienso, y afirmo casi en su totalidad, que hay ciertos himnos, coritos o cánticos espirituales que están arraigados a nuestra memoria personal. Existen melodías y poesías que, juntas, hacen consonancia directa con nuestro corazón y nuestra memoria; que nos llaman a recordar nuestra necesidad de Cristo, que nos convocan a andar en las sendas antiguas. Melodías que, en realidad, son un llamado constante en nuestra vida espiritual.
Estas semanas han sido justo eso: recordar coritos e himnos que cantaba en mi niñez, cuando la única preocupación era aprender el versículo de la escuela dominical y no manchar mi ropa de domingo, esa que con tanto esmero mi madre cuidaba, lavaba y planchaba.
Todos los domingos, en el departamento número ciento uno, edificio siete, de la unidad habitacional “Volcanes”, en la ciudad de Aguascalientes, al pie de aquella litera en la que dormíamos mi hermano y yo, antes de salir a la iglesia, mi madre se aseguraba de que el pantalón no quedara corto, que la camisa estuviera bien fajada, los zapatos lustrados, el cabello bien peinado y, sobre todo, que su hijo aprendiera bien un himno: “En la cruz”.
Ahora, como padre, añoro tener un momento así: arreglar a mi hijo, asegurarme de que sus ropas estén lo más presentables posible, su cabello lo mejor peinado y, sobre todo, que tenga un corazón con memoria de su Señor; sensible a Sus palabras, a la música que le honra y le adora. Una mente enfocada en adorarle aun en las cosas más simples del día.
Me es imposible no recordar esos días con gozo y lágrimas de agradecimiento por todo lo que hicieron mis padres.
Volviendo al himno y a mi obsesión con el conocimiento himnológico (soy fan de la himnodia; luego hablamos de eso), empecé a leer un poco sobre su autor, el pastor Isaac Watts, también conocido como “el padre de la himnodia inglesa”. Y el apodo no nace simplemente del imaginario de algún admirador de este teólogo; en realidad, sí fue una de las influencias más grandes e importantes de la himnodia anglosajona. Compuso aproximadamente entre 600 y 750 himnos, dependiendo de la fuente consultada.
Independientemente de ello, realizar la composición poética de tantos himnos no es algo sencillo. Requiere habilidad, desarrollo de rima y ritmo, manejo de figuras retóricas, dominio profundo del lenguaje y, sobre todo, vigilancia teológica. Es difícil lograr todo ello de forma conjunta. Obviamente, mucha de su música es poco conocida en el mundo bautista —denominación a la que pertenezco— y, además, no existen demasiadas traducciones al español; las que hay no son tan accesibles al mundo hispano, al menos hasta donde conozco.
El himno “En la cruz” fue publicado en 1707 dentro del himnario Hymns and Spiritual Songs (“Himnos y Cánticos Espirituales”). En un principio no llevaba ese título; en lugar de “At the Cross”, se llamaba Godly Sorrow Arising from the Sufferings of Christ, que, traducido de forma literal, sería algo así como: “La tristeza piadosa que surge de los sufrimientos de Cristo”. Un nombre largo, sí, pero que comunicaba muy bien el interior del poema y que también se conectaba con la cita bíblica de 2 Corintios 7:10.
Y pensar que todo esto provenía de un hombre de apenas 33 años, capaz de escribir un himnario lleno de poesías bien elaboradas, profundamente cristocéntricas, y aun así encontrar tiempo para preparar sus sermones.
Pero, más allá de los datos históricos, himnológicos y biográficos del reverendo Isaac Watts, vuelvo una y otra vez a la letra; sobre todo, a la segunda estrofa:
Sobre una cruz mi buen Jesús
Su sangre derramó
Por este pobre pecador
A quien así salvó
Podía —mientras mi camisa era acomodada— y puedo ahora sentir lo indigno que soy, la gracia inmerecida sobre mi vida y mi necesidad diaria de caminar con Cristo. Y refleja muy bien la idea de Watts cuando escribe algo que, traducido palabra por palabra, dice:
“¡Ay! ¿Y sangró mi Salvador?
¿Y murió mi Soberano?
¿Dedicaría esa cabeza sagrada
a un gusano como yo?”
Sé que podríamos ahondar mucho más en esto, pero quiero dejarte una reflexión:
¿Existe algún himno que suene a tu hogar?
¿Hay algún cántico espiritual que te haga volver a pensar en Dios y en Su obra en ti?
Gracias por leerme. Que tengas un hermoso y reflexivo día.


